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El deseo por investigar sobre el entorno  que nos rodea, y por entender cómo se relaciona éste con nosotros, en qué nos afecta y en qué le afectamos, junto a la pregunta de si este paisaje de afecciones tiene o no consecuencias espaciales de algún tipo, nos conduce a iniciar un proyecto que queda en su primera fase enmarcado entre Madrid, Berlín y Auschwitz.

Entenderemos ese juego de afecciones como  paisaje, y por tanto  como un cuerpo múltiple y sensible que tendrá tantas interpretaciones posibles como personas lo habiten. Por ello hacemos uso de un dispositivo catalizador de esas interpretaciones. Se elige la mirilla como herramienta principal del proyecto. Como el Étant-donnés de Marcel Duchamp, la mirilla permite enmarcar un conjunto de experiencias y sacarlas a relucir. Un pequeño agujero por el que mirar, un marco que no permite ver nada más, un diorama que pone en juego el perfil emocional del observador.

La mirilla como herramienta, como filtro, nos va a permitir observar y entender el medio evolucionando sobre sí misma en espacio y tiempo a lo largo de tres actos llevados a cabo en 105 horas de viaje.

Un primer acto

donde a partir de una imagen retrospectiva fija y una realidad que tenemos delante, nuestro cerebro se activa construyendo memoria a partir de la mirada. Ver con ojos cerrados.

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Un segundo acto

donde el objeto-mirilla cobra vida; se adapta a nosotros como una prótesis visual prescindiendo de la imagen estática retrospectiva. El objeto empieza a transmitir esa realidad modificada espontáneamente. Realidad en cuanto a espacio real que nos rodea. Modificada en cuanto a espacio reconvertido por la distorsión del monóculo.

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En el tercer acto

es nuestro rostro el  que va a reflejar el paisaje que nos envuelve; damos la vuelta a la prótesis visual dirigiéndola hacia nosotros. La mirilla recoge la imagen de nuestras caras, reflejándose en ellas las impresiones de un entorno que nos rodea, y somatizamos.

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Cartografiamos temas sensoriales a través de métodos sensoriales, resultado de nuestra experiencia,  para aproximarnos al significado del espacio afectivo. 

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